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Capítulo I: Partiendo hacia lo desconocido

Viajar no es pasear. Es viajar. Lo que hago cuando salgo un domingo a dar una vuelta por las sierras aquí en Córdoba… no es un viaje.
Y si bien siempre quise hacerlo nunca tuve la oportunidad de concretarlo.
Lo más lejano que alguna vez viajé fue a un motoencuentro en Rosario en 2010 o cuando visité a mi tía Nelly en Icaño, Catamarca, a 350 kms de Córdoba, más un paseo hasta la cuesta del Portezuelo y San Fernando del Valle. Pero un viaje LEJOS, lo que se dice LEJOS… nunca.
La idea hacía tiempo que me daba vueltas en la cabeza, y en esos días poco a poco se fueron alineando los astros: tenía la moto, fue apareciendo el tiempo necesario y el dinero se arregló de alguna manera. Reuní la información leyendo crónicas de otros moteros que publicaban sus experiencias en internet, youtube, facebook y blogs varios.
En eso estaba cuando un día, allá por octubre de 2015, recibo un mensaje de Rogelio, amigo de un querido amigo Diego, quien desde Bahía Blanca estaba organizando un viaje a Ushuaia, viendo quien más podría estar interesado.
No lo pensé mucho: no tenía experiencia en viajes tan largos y si era mi primera vez, que mejor que hacerlo acompañado. A partir de ese día fuimos coordinando todo: la ruta, fecha de salida, elementos necesarios, días de viaje, lugares donde parar, prepa-rativos de las motos, etc.
Como suele suceder en este tipo de eventos, a medida que se acercaba la fecha pro-gramada de viaje uno a uno iban cancelando su participación los demás integrantes del grupo por distintos motivos, todos muy entendibles. Y para cuando al fin llegó la fecha del viaje del grupo inicial de diez motos solo quedamos Rogelio y yo. O sea… un grupo de DOS motos.