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Hola. Mi nombre es Bernardo Eugenio Casasnovas, tengo 56 años, vivo en Córdoba, Argentina y soy profesional informático independiente.

¿Por qué cuento esto? No es que mi persona tenga alguna importancia en particular, pero creo que es bueno que quien me lea sepa el lugar desde donde uno escribe.

Me gustan las motos desde la secundaria. A fines de los 70 no había mucho para elegir: nacional tenías la Gilera «macho» o la Zanella «sapucai»… e importadas no había muchas. Diría que había muy pocas. De todas formas mi primer motovehículo fué un ciclomotor Zanella 50 Due GL, que compré en cuotas cuando empecé a trabajar a los 22 años. Era lo más básico que había pero cumplía con creces su cometido de llevarme a todas partes: económica, confiable y creo que tenía el asiento mas incómodo que jamás se haya diseñado en moto alguna!

Obviamente que no solo la usaba para trabajar: casi todos los fines de semana salía a dar una vuelta por los alrededores de Córdoba: Villa Allende, Saldán y La Calera eran lugares muy frecuentados.

Muchos decían que «cómo me animaba a salir tan lejos con esa motito» y no sé… para mí era normal eso. ¿Qué problema podría llegar a tener? Me llamaba la atención lo auto-limitada que somos a veces…

Con la zanellita llegamos una vez hasta VIlla General Belgrano, a 110 kms aproximadamente de Córdoba. Lo que para ese entonces era toda una proeza!

Ya por entonces me acostumbraba a ir un poquito mas allá de lo que la gente suele ir con su vehículo.

Estuvo en casa muchos años hasta que la vendí. No tenía cuentakilómetros pero por los 3 cambios de transmisión que le hice supongo que muchos mas de 30.000 fueron los kilómetros recorridos con esa fiable motito.

Pasaron luego muchos años en que me pasé a las 4 ruedas hasta que en el año 2000 me robaron el auto y volví a ser peatón.

Por el 2006 tuve un trabajo al que debía llegar tomando 2 colectivos de ida y otros tantos de vuelta. Para el 2008 ya estaba harto del tiempo perdido en colectivos. Fué entonces que mientras caminaba por la vereda camino a casa ví en una casa de venta de motos usadas cuando el vendedor acomodaba un vehículo que me pareció el ideal: un scooter Yamaha Axis 90!

Qué bonito que era! Práctico y con una agilidad increíble en la ciudad. En cuanto empecé a usarlo pasó algo en mí… empecé a sentir nuevamente ese disfrute del andar en moto, la adrenalina, la libertad, el viento en la cara (aunque usaba casco)… ¡Cómo podía haber dejado pasar tanto tiempo sin disfrutar eso!

Si bien el Axis era una excelente máquina para andar en la ciudad, no me parecía adecuado para salir a la ruta. Por eso empecé a ver cuál sería el siguiente escalón: una moto seguro… pero ¿Cuál?

Y como casi siempre pasa que te cruzás con lo que estás necesitando: había una concesionaria Yamaha que hace poco se había instalado cerca de casa y allí la ví exhibida…

Era una hermosa Yamaha YBR 125 azul. Esa fué mi primer moto en serio comprada 0km. Era abril de 2009 y ¡ya podía salir a las sierras a pasear! Excelente máquina: fiel, robusta, simple…

Con ella hice mis primeros viajes por las sierras. Recuerdo mis primeros paseos por Copina, Bosque Alegre y el camino de las Altas Cumbres.

A comienzos de 2010 hice mi primer viaje en el que pernoctaría fuera de casa: fué en un motoencuentro del grupo de las Yamaha YBR que se hizo cerca de Rosario. Mas o menos unos 400 kilómetros de Córdoba. Primer viaje por autopista llevando carpa y bolso.

Justamente en uno de esos encuentros fué que conocí lo que fué el «amor a primera vista motero»: había una moto que era «lo más de lo más»…

Era la Yamaha YBR 250… ¡Qué belleza! ¡Qué moto! Junte peso por peso hasta que en 2010 pude comprarla. ¡Guau! ¡Cómo disfruté esa moto! Debo aclarar que para esa fecha en esa categoría solo teníamos 3 opciones: Honda Twister 250, Bajaj F220 -que recién aparecía- y la Yamaha YBR 250.

Era un sueño cumplido realmente.
Al año siguiente me salió sorteado el auto que estaba pagando por plan y vendí esta belleza para cancelar parte del plan.
Creo que apenas había pasado los 10.000 kms cuando la vendí.
Cuando se me pasó el entusiasmo estúpido de tener mi primer auto cero kilómetro empecé a notar que algo me estaba faltando… Era feliz (aparentemente) en mi hermoso auto nuevo pero… extrañaba mi moto! Seguramente es algo que mucha gente no puede entender… pero la verdad es que cada día que pasaba me arrepentía mas de haber vendido mi 250.

Bueno, finalmente la vida me dió otra oportunidad y fué que a fines de 2012, y no con poco esfuerzo, pude adquirir a la que ya hace casi 9 años es mi compañera de ruta: mi Yamaha Fazer 250 que tuve la suerte de elegir ese color violeta que tan feo parecía en el catálogo de la web de Yamaha, pero tan lindo es personalmente. Si el modelo anterior me parecía excelente y difícil de superar este lo logró… quedé absolutamente embobado al verla: el color, el nuevo diseño del faro delantero, el freno a disco atrás y el tablero (parcialmente) digital… Una maravilla realmente.

Aquí está tal cual la traje de la concesionaria: con su top case Givi, luces de xenón y alarma.
Sé que no soy muy objetivo que digamos… pero con mas de 8 años sigue siendo un diseño hermoso. Dicen que fué diseñada en Brasil… supongo que sí porque en ningún país creo que le pondrían a una moto un tanque de ¡19 litros!
Sea quienes hayan sido… se pasaron con el diseño!
Ella será, al menos por un buen tiempo, la estrella de este blog. Intentaré, en la medida de lo que mis escasos conocimientos literarios me lo permitan, compartir todo lo que he aprendido y vivido con esta bella máquina en estos años.

Un gran abrazo y muchas gracias por leerme!

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